La Feria del Libro a la que me refiero es la del Retiro. Hay otras muchas más en nuestro país, magníficas, pero no como aquella, la de Madrid y la de aquellos años, que es sobre la que quiero escribir unas líneas.
Esa que se planta en la inmensa explanada a la que se accede desde Sainz de Baranda, donde vivimos cuando nació María.
Había ido de niño con mi padre, amante de todo aquel recinto, especialmente de su Rosaleda. Luego volví como curioso / comprador accidental de libros. Y más tarde como profesional, cuando trabajé en Magisterio Español.
La caseta de Magisterio era una de las grandes, pero no podía competir en público frente a las que tenían autores de fama que firmaban y dedicaban y seguidores dispuestos a hacer cola. Nuestros clientes eran profesores que generalmente conocían ya “el producto”, nuestros libros, y se acercaban prácticamente solo a saludar.
Hacía mucho calor.
Me encantaba el olor de los libros recién sacados de las cajas.
Cada poco tiempo hacíamos un descanso y aprovechábamos para visitar otras casetas y ver novedades.
Luego fui muchas otras veces, sobre todo a pasear – compraba habitualmente en la Cuesta Moyano - con la sensación de que aquel recinto provisional tenía vida periódica y en sus momentos de ausencia dejaba un enorme hueco.
Y ya, cuando nos fuimos de Madrid, y cuando regresé solo para trabajar, perdí la costumbre.
Ahora voy a Finis Africae, la librería de mi amigo Andreu Carles.
Libros, para mi, la clave de la civilización.
Para ellos todavía tengo algún hueco en mi estantería y otro más grande en el alma.
Preocupados por la “decepción generalizada de la gente hacia los políticos” - tragedias como la Dana o los incendios de este verano han retratado con toda su crudeza el bajísimo nivel de nuestros responsables políticos, dicen - alumnos y alumnas de Navarra han creado un contrato ético con cinco puntos que se dirigen “a toda persona que ostente cargos públicos de representación política, puestos de responsabilidad en las distintas administraciones y organismos públicos de nuestro país”. Este es su contenido: 1. Tengo prohibido insultar o descalificar a los adversarios políticos debiendo tratarles siempre con el debido respeto. 2. No puedo mentir, manipular informaciones, crear o difundir bulos. 3. En la medida de mis posibilidades, tengo el deber de atender a todos los medios de comunicación, sin excepción ni limitación de ningún tipo. 4. Me comprometo a hacer por sentarme, escuchar y dialogar con el adversario político, buscando acuerdos sobre los graves problemas y desafíos de mi paí...
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