Amador Villamía nos acaba de dejar. Inevitable pensar en otras personas que se fueron antes de que nadie lo pudiera imaginar, e inevitables los buenos recuerdos que siempre quedarán de ellas.
Los penúltimos mensajes que intercambiamos tenían que ver con un chuletón que estaba preparando mi hijo y que nos recordó al que nos invitó en Irún cuando le visitamos.
Aunque no siempre nos ocupábamos de cosas sabrosas sino de del EIPA, del CAF, de dirección pública profesional… o de los tiempos de clases en la Jaime Vera…
O de la movilización de los y las pensionistas en el País Vasco o del altruismo de las gentes de aquellas tierras en las que nació mi madre.
Tengo pendiente de leer un libro que me recomendó de Javier Gomá, “Ejemplaridad pública”.
Su última noticia fue su contestación a mi "carta al año 2025": “quizá charlemos más tarde, pero en cualquier caso que despidáis el año de forma bonita y un muy muy feliz 2025. Un besazo enorme”
Preocupados por la “decepción generalizada de la gente hacia los políticos” - tragedias como la Dana o los incendios de este verano han retratado con toda su crudeza el bajísimo nivel de nuestros responsables políticos, dicen - alumnos y alumnas de Navarra han creado un contrato ético con cinco puntos que se dirigen “a toda persona que ostente cargos públicos de representación política, puestos de responsabilidad en las distintas administraciones y organismos públicos de nuestro país”. Este es su contenido: 1. Tengo prohibido insultar o descalificar a los adversarios políticos debiendo tratarles siempre con el debido respeto. 2. No puedo mentir, manipular informaciones, crear o difundir bulos. 3. En la medida de mis posibilidades, tengo el deber de atender a todos los medios de comunicación, sin excepción ni limitación de ningún tipo. 4. Me comprometo a hacer por sentarme, escuchar y dialogar con el adversario político, buscando acuerdos sobre los graves problemas y desafíos de mi paí...
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