En uno de los últimos análisis de los que mantenemos en redes las personas de la Asociación Dirección Pública Profesional, surgió el asunto de “cita previa pública, sí o no” y como venía teniendo ganas de escribir sobre ello me he puesto de inmediato al teclado, sin importar la festividad y la solemnidad de las fechas, o precisamente por ello. De entrada, diré que las citas previas las considero un paso más en la gestión de turnos: cuando voy a comprar encurtidos al mercado de El Olivar, en Palma, antes preguntaba ¿quién es el último?, y ahora cojo un número de una tira de papel que ofrece un aparatito suministrador y estoy atento a una pantallita hasta que aparece el mío. Un sistema más civilizado y más cómodo que el más antiguo de “se atiende antes al más hercúleo ente los demandantes”. En general, las citas previas me parecen algo natural también para situaciones más especiales: cuando necesito que me atienda mi fisio la llamo porque ella no puede mantener su clínica conmigo como ún...
El blog de Fernando Monar. Un espacio para contribuir a la reflexión sobre la mejora del liderazgo público y a la transformación de nuestras Administraciones. (Y quien sabe si para algo menos formal de vez en cuando)