Hay algún político que acaba de descubrir la importancia de las manos en las intervenciones públicas y ante los medios porque, de pronto, ha decidido exhibirlas. Sosote él, imagino imbuido por las enseñanzas de algún experto, ahora hace un gesto como acariciando un balón o un globo terrestre cuando se refiere a un conjunto – ya sea el su partido o la ciudadanía - y levanta el dedo índice para cualquier otro asunto, salvo cuando decide llevar una u otra mano de un lado para otro, como empujando un poco el aire para que haya mas ventilación. La parte buena para él es que esas exhibiciones obligan al cámara a ampliar o alejar el plano para que quepan las manos que él muestra, con lo que así queda mas alejado e incluso permite que salga algo de decorado por la parte de atrás, como un palacio cualquiera que tenga columnas y ventanales y arcos de medio punto.
Preocupados por la “decepción generalizada de la gente hacia los políticos” - tragedias como la Dana o los incendios de este verano han retratado con toda su crudeza el bajísimo nivel de nuestros responsables políticos, dicen - alumnos y alumnas de Navarra han creado un contrato ético con cinco puntos que se dirigen “a toda persona que ostente cargos públicos de representación política, puestos de responsabilidad en las distintas administraciones y organismos públicos de nuestro país”. Este es su contenido: 1. Tengo prohibido insultar o descalificar a los adversarios políticos debiendo tratarles siempre con el debido respeto. 2. No puedo mentir, manipular informaciones, crear o difundir bulos. 3. En la medida de mis posibilidades, tengo el deber de atender a todos los medios de comunicación, sin excepción ni limitación de ningún tipo. 4. Me comprometo a hacer por sentarme, escuchar y dialogar con el adversario político, buscando acuerdos sobre los graves problemas y desafíos de mi paí...
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